El gobierno del presidente Donald Trump propuso una reforma profunda al programa Head Start, con la eliminación de gran parte de las regulaciones federales que establecen estándares de atención, educación temprana y servicios integrales para niños de bajos recursos en Estados Unidos. La iniciativa busca otorgar mayor flexibilidad a los operadores locales y permitir que se guíen en varios aspectos por las normas estatales y municipales.
Head Start atiende a alrededor de 700 mil menores, incluidos niños sin vivienda, en hogares de acogida o con discapacidades. La reforma no contempla modificar esa población objetivo, pero sí cambiaría la forma en que operan los aproximadamente mil 600 proveedores del programa, entre organizaciones sin fines de lucro y distritos escolares.
Qué cambiaría con la propuesta
El Departamento de Salud y Servicios Humanos plantea eliminar requisitos relacionados con las proporciones de personal por alumno, los servicios para las familias, los planes educativos respaldados por investigaciones y otros estándares que actualmente distinguen a Head Start de los servicios convencionales de cuidado infantil.
Alex J. Adams, subsecretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, argumentó que los mandatos federales pueden elevar costos, limitar la toma de decisiones local y reducir el alcance del programa. La administración calcula que la flexibilización podría generar ahorros superiores a 2 mil millones de dólares y ampliar el número de lugares disponibles.
La iniciativa también contempla un límite de 5 por ciento para los gastos administrativos, frente al 15 por ciento vigente, además de nuevos estándares de nutrición y un requisito de 30 minutos de actividad física por cada tres horas y media de atención. Salvo en programas tribales de inmersión lingüística, la instrucción tendría que impartirse en inglés.
Expertos advierten diferencias entre las normas estatales y Head Start
Especialistas en primera infancia sostienen que las regulaciones estatales de cuidado infantil suelen ser menos exigentes que los estándares federales de Head Start. Mientras las licencias estatales se concentran principalmente en la salud y seguridad básicas, Head Start también exige revisiones médicas y dentales, participación de las familias y programas educativos integrales.
Una diferencia señalada por los expertos corresponde a la cantidad de niños por adulto. En Mississippi, por ejemplo, los estándares de Head Start permiten que un maestro atienda hasta a cuatro niños de dos años, mientras que las reglas estatales podrían autorizar la supervisión de hasta 12 menores de esa edad por una sola persona.
Head Start comenzó en la década de 1960 como parte de la llamada Guerra contra la Pobreza impulsada durante el gobierno de Lyndon B. Johnson. El programa opera actualmente en los 50 estados y ha sido respaldado por legisladores de ambos partidos, aunque en los últimos años enfrentó propuestas para reducir o eliminar su financiamiento.
La propuesta aún debe cumplir el proceso regulatorio
El público tendrá 60 días para presentar comentarios sobre la reforma. Después, el gobierno tendría que evaluar las opiniones recibidas antes de emitir una regla definitiva, la cual también podría enfrentar impugnaciones legales que retrasen su aplicación.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy, afirmó que Head Start es eficaz y que debe protegerse por su atención a los niños más vulnerables. Sin embargo, exfuncionarios y especialistas consideran que eliminar buena parte de sus estándares podría debilitar los servicios educativos, médicos y familiares que han definido al programa durante décadas.
